¿Te cuento un cuento?  La mensajera Ansiedad

 

 

Cuando padeces ansiedad un día tras otro, no suele ser fácil comprender qué te ocurre.

Hoy con este cuento que comparto, mi intención es aportarte algo más de claridad, para que sepas qué te está pasando cuando la sufres y cómo puedes  descubrir su mensaje para cambiarte y transformar tu vida.

 


 La Mensajera Ansiedad

Erasé una vez,  la mensajera ansiosa vino de imprevisto a casa en medio de la noche.

Me despertó y me sacó de la cama.

Asustada y molesta,  sin reconocer quien era, le abrí la puerta.

Me parecía alguien desconocida que sólo su presencia, me provocaba mucho malestar y decía cosas que no comprendía.

Me hablaba en varios idiomas muy confusos, no entendía ninguno de ellos, encima no paraba de gritar y hacer acciones muy molestas.

Sentí algo de pánico, lo reconozco, así que de inmediato, sin dudarlo un instante, le cerré la puerta en sus narices.

Una sensación de alivio invadió mi cuerpo, bufff me he librado de ella! A dormir!


Pero sin embargo, no tardó mucho en pulsar una y otra vez el timbre.

Su voz, desde la calle, llegaba muy fuerte hasta mi cerebro.

Todo era muy desagradable e inexplicable para mí.

Aunque sentía mucho miedo, solo lo podía expresar hacia afuera a través de mi enfado y rabia.

¿Por qué no te vas? No quiero que estes aquí.

La rechacé una y otra vez, sin embargo, no conseguía que se fuera, llamé incluso a la policía para que la arrestarán, me estaba molestando, había invadido mi espacio y mi zona de comfort.

Tenía que hacer lo que fuera para eliminarla de mi vida para siempre.

A pesar de todo lo que hice, la mensajera siguió viniendo, no sólo lo hacía  por las noches sino que también venía durante el día.

Madre mía, no me la quitaba de encima.


Empecé a entrar en pánico, aun así, ella en vez de marcharse,  seguía gritando más,  pidiendo sin parar que hiciera algo.

Yo no sabía qué hacer ni cómo, ni siquiera podía escucharla ni sentirla.

Se me ocurrió pedir ayuda.

Una chica a quien le había pasado lo mismo, me dijo,  que lo que me molestaba era una mensajera que se llamaba ansiedad.

No quise hacer caso a lo que me dijo y me puse unas orejeras para no escuchar a esa cosa tan desagradable que de repente un día empezó a visitarme y se instaló totalmente.

Pronto, se dio cuenta de que no la estaba escuchando, entonces,  empezó a zarandearme con fuerza por todo el cuerpo.


Hasta que un día, no pude soportarlo más, la miré de frente y le pregunté:

¿Quién eres tú?

¿Para qué narices vienes a molestarme?

La mensajera empezó otra vez con sus mensajes, estaba muy nerviosa no podía comprender nada de nada, así que la volví  a mandarla a paseo.

Ella seguía viniendo una y otra vez, cada vez su visitas eran más potentes.

Así que decidí, pedir ayuda de nuevo, a la chica.

Ella me ayudo a tener el valor de ponerme enfrente de la mensajera ansiedad, parar y comenzar a escucharla y a sentirla.

Al principio, sólo quería seguir huyendo, pero mi acompañante, me ayudó a seguir allí con mucho amor y cariño.

Poco a poco, fui entendiendo que la mensajera, sólo quería decirme algo importante acerca de mí misma.

La verdad, me resultaba imposible interpretarlo en ese momento.

Así que fueron necesarios varios encuentros con ella, hasta que descubrí que me traía una oportunidad para transformarme, sólo tenía que trabajar en mí.

Al escuchar eso, me relajé un poco, reflexioné y decidí confiar.

Por fin, me había abierto a escucharla atentamente,

permitiendo que se expresara desde la tranquilidad para poder entenderla mejor.

Entonces, comprendí el mensaje:


«Dentro de tu casa tienes tu gran tesoro. Deja de buscarlo afuera compulsivamente, eso te está dañando. Estoy aquí para ayudarte a recuperarlo. He tenido que hacerme notar, de lo contrario nunca me hubieras escuchado»


Lloré desconsoladamente durante un rato, cuando me di cuenta de lo que me decía.

Desde ese día, juntas, como buenas amigas, comenzamos la búsqueda por toda la casa.

Revisamos en los archivos de mi autenticidad y otros rincones desconocidos.

No fue fácil, pero valió la pena la aventura.

Al final, encontramos de nuevo a mí tesoro interior.

 

El resultado fue, que cambié, mejoré y me transformé y también lo hizo mi vida.

Todo, gracias a parar y escuchar a la voz de la mensajera ansiedad dentro de mí.

Ahora ya no grita. Está calmada y en paz.

Y cuando me llama para algo, nada más me doy cuenta, paro de inmediato y la escucho, porque ahora ya sé, que me quiere avisar de algo importante acerca de mí.

Con esta aventura, me he dado cuenta de que solo es posible comprender que mensaje trae la ansiedad si permito que habite en mi cuerpo, la escucho y la siento.

Ya que la ansiedad, es en realidad, una parte fundamental y necesaria en mí, es mi alarma de emergencias.

Colorín, colorado este cuento se ha acabado.

 


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